ARTÍCULOS

 Interrogantes sin respuestas

Las preguntas retóricas y su empleo en la oralidad y la escritura


 Escribe: Abelardo Pérez Mejía

Una pregunta retórica es una expresión interrogativa que se plantea sin la intención de recabar respuesta alguna. Por esta razón, Haverkate, Mulder y Fraile (1998) sostienen que el receptor de las interrogantes retóricas, en realidad, conoce lo que debe contestar, sin embargo, debe abstenerse de hacerlo, pues se trata de un artilugio metafórico que el emisor brinda, no para solicitar información, sino para generarla a través de una sutil inferencia reflexiva. Es decir, se lanza la interrogante con la finalidad de invocar a esa extraña visitante de la mente que, a veces, necesita ser llamada con una puntillosa pregunta.

Así pues, en la espontaneidad de la interacción diaria, algunos intentan justificar un desliz espetando una interrogante que evidencia un espíritu falible: «¿Quién no se ha equivocado nunca?» Asimismo, hay quienes usan arrebatadas expresiones para arremeter contra una bribonería: «No, a mí no me engañas, ¿crees que he nacido ayer?». Con esta desafiante pregunta se da a entender que se guarda una astucia y que no se lleva “ni un pelo de tonto”. Nunca faltan los que realizan expresiones para delatar los sufrimientos del día a día, y usan las preguntas retóricas como válvula de escape para aliviar sus almas quejumbrosas: «¿Hasta cuándo?, Dios mío; ¿cuándo se acabará este martirio?».

En el arte de la oratoria, resultan célebres las preguntas retóricas mencionadas por el insigne Marco Tulio Cicerón durante su intervención en el Senado romano. En la primera parte de su discurso contra Lucio Sergio Catilina, increpó la actitud subversiva de este corrupto personaje: “¿Hasta cuándo has de abusar de nuestra paciencia, Catilina? ¿Cuándo nos veremos libres de tus sediciosos intentos? ¿A qué extremos sé arrojará tu desenfrenada audacia?” (Cicerón, s/f, p. 15).

En la literatura latinoamericana, Pedro Salinas en La voz a ti debida apela a la pregunta retórica para desentrañar los misterios del amor: «¿Serás, amor un largo adiós que no se acaba?» (De Lama, 1993, p. 281); César Vallejo (1997), por su parte, expresa en su poema La cena miserable dos versos de reivindicación social: «Hasta cuándo estaremos esperando lo que/ no se nos debe […] Y en qué recodo estiraremos nuestra pobre rodilla para siempre» (p. 178).

En la literatura europea, Shakespeare (2017) a través de Hamlet, después de plantear la duda existencial entre el ser y no ser, realiza la afamada interrogante que invita, a través de una fina reflexión, a tomar una firme actitud ante la existencia: «¿Qué es más levantado para el espíritu?: ¿sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? […]» (p. 81).

Parece que las frías respuestas derrumbarían el encanto del cual pende toda la fuerza de una interrogante retórica. Debido a esta ausencia de contestaciones inmediatas, ellas calan con mayor efectividad en la conciencia de la gente; por lo que es importante olvidar el cliché que afirma invasivamente que todas las preguntas deben tener respuestas. No siempre es así, no. Las únicas que no deben tenerlas son las preguntas retóricas.


Referencias

Cicerón, M. (s/f). Catilinarias. Edición, introducción y notas de Pere J. Quetglas.

https://n9.cl/f09fi

De Lama, V. (1993). Antología de la poesía amorosa española e hispanoamericana.

Biblioteca EDAF 200.

Haverkate, H; Mulder, G. y Fraile, C. (1998). La pragmática lingüística del español:

recientes desarrollos. Editions Rodopi B.V.

https://n9.cl/gnmji5

Shakespeare, W. (2017). Hamlet, príncipe de Dinamarca. Loqueleo, Santillana

Vallejo, C. (1997). Poesía completa IV. Editorial PUCP.

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